No, tu abuela no tomaba yogur sin lactosa

Desde hace un tiempo, circulan por internet varios artículos, en los que aseguran que los yogures caseros, como se llevan haciendo toda la vida, pierden totalmente la lactosa durante su fermentación, por lo que son seguros para el consumo de los intolerantes; esto no es exactamente así, hay mucha gente que le da credibilidad a dichos artículos, y como intolerante a la lactosa, a la que ya le gustaría poder tomar yogures “de verdad”, siento la necesidad de escribir sobre este tema.

Antes de empezar quiero aclarar que no tengo ningún estudio superior sobre nutrición, aunque sí formación sanitaria de otros ámbitos, y como me gusta mucho informarme y aprender cosas nuevas, he realizado varios cursos complementarios sobre nutrición, dietética, alergias e intolerancias alimentarias, no pensando en su uso laboral, sino totalmente personal; pero precisamente en este tema tengo que incluir la experiencia personal como intolerante a la lactosa.

Cuando era pequeña me negaba a desayunar antes de ir al colegio porque “me sentaba mal”, los pocos días que me tomaba un vaso de leche me ponia malisima, vómitos, diarreas, malestar,…, que muchas veces hacía que tuviese que volver a casa. Pero en aquella época, la intolerancia a la lactosa no era algo que se escuchase mucho, y no fue hasta los 17 años cuando se nos ocurrió pensar en ella, cosa que más tarde me asegurarian mediante las pruebas de la intolerancia.

 

¿Qué es la intolerancia a la lactosa?

La lactosa es el principal azúcar presente en la leche de los mamíferos, es un disacárido compuesto por glucosa y galactosa, para poder absorberlo, el cuerpo humano necesita hidrolizarlo en el intestino delgado, separarlo en sus dos compuestos, y esto se hace mediante la enzima lactasa.

Los intolerantes a la lactosa tenemos una carencia de dicha enzima, nuestro cuerpo fabrica menos de la que necesitaría para digerir la lactosa que consumimos, por lo que en ese momento entramos en un desequilibrio, que es lo que va a provocar que suframos distintos síntomas, desde dolor abdominal, náuseas, diarreas, cefaleas, mareos, flatulencias…

Depende de la cantidad de lactasa que nuestro cuerpo fabrique podemos tolerar más o menos cantidad de lactosa, pero cuidado, que dependiendo de muchos factores, esa cantidad cambia, habra epocas en que toleramos mucho más que otras, nadie mejor que nosotros mismos conoce nuestro cuerpo.

Hace mucho tiempo me dieron un ejemplo que me gusto mucho, y ahora utilizo siempre para hablar de este tema: Si llenamos un vaso de leche y nos lo tomamos entero nos va a sentar muy mal, pero si el mismo vaso lo tomamos a sorbitos a lo largo del día, probablemente no sintamos las mismas molestias, y esto es precisamente porque dependemos totalmente de la cantidad de enzima que tengamos.

¿Podemos tomar yogures normales?

Sí y no… Depende de nuestro grado de intolerancia.

“En términos generales, podríamos decir que un yogur natural o tradicional, contiene una cantidad de lactosa del mismo orden que la que posee la leche de origen.”

Yogur: Elaboración y valor nutritivo. Fundación Española de la Nutrición

Sí, un yogur es una forma más digestiva de tomar lácteos, gracias a la fermentación, pero, como antes indicamos, no siempre toleramos la misma cantidad de lactosa, una persona con una alta sensibilidad tolera entre 1 y 4 gramos de este azúcar, mientras alguien con una intolerancia más baja puede llegar a tolerar hasta 12 gramos; un yogur tiene una media de 4 – 5 gr de lactosa en cada 100 gramos de producto, que sumaremos si nos tomamos más de uno, por lo tanto dependerá de nuestro cuerpo. Personalmente hay temporadas que me tomo yogures con tranquilidad, y otras en las que como se me ocurra hacerlo me espera un día muy largo, lleno de molestias.

 

¿Tenemos que renunciar a los yogures?

Para nada, como hemos visto muchos intolerantes los toleran sin problemas; y los que no los toleramos tenemos muchas opciones: hoy en día en todos los supermercados podemos encontrar yogures sin lactosa (además de postres lácteos vegetales que no serían realmente yogures), podemos recurrir a pastillas de lactasa ( yo prefiero no abusar de ellas, pero para alguna ocasión ahí están), o podemos hacer yogures caseros adaptandolos a nuestras necesidades.

Normalmente yo suelo utilizar la última opción, y cuando los hago si juego con el nivel de sensibilidad que tenga en ese momento: para hacer yogur sólo necesitamos leche y un yogur de donde obtendremos los fermentos necesarios, y si queremos, leche en polvo para espesar, tiempo y temperatura adecuada; aquí es donde juego, la leche siempre la utilizo sin lactosa, pero el yogur y la leche en polvo, alguna vez uso normal, cuando tolero mejor, bajo mi propio riesgo. De cualquier forma, salen unos yogures fantásticos.

 

Gracias a Internet tenemos acceso a una gran cantidad de información, pero eso también tiene un problema: como todos podemos escribir, tenemos que aprender a cribar esa información, seguro que nos hemos encontrado varios artículos sobre el mismo tema, pero totalmente contrarios.

Os voy a dejar alguno de los miles de textos que podemos encontrar sobre esta temática, donde podréis aprender mucho más sobre la intolerancia a la lactosa, una pequeña hoja informativa del Hospital Ramón y Cajal, un experimento sobre la fermentación de la lactosa que me pareció muy interesante, y una publicación de la Fundación Española de la Nutrición, que aunque tiene sus años, explica muy bien los principios de la elaboración del yogur.

El mayor problema en este tema es la generalización: No podemos afirmar categóricamente que a ningún intolerante le va a sentar mal un yogur, porque os puedo asegurar que no es así. No es que los artículos que hablan al respecto están totalmente equivocados, pero pueden llevar a que una persona con una alta sensibilidad a la lactosa, se tome, o dé por ejemplo a un niño, un yogur pensando que no va a hacerle daño, porque lo aseguran en la red, y de verdad que las consecuencias no son nada agradables.

La verdad que yo, con la salud de los demás, no me la juego.

😉 Angela

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